viernes, 25 de diciembre de 2015

Lo mejor del año

Por cuestiones que no vienen al caso, la actividad del blog se ha mantenido bajo mínimos durante los últimos meses. Lo reavivamos para hacer un pequeño resumen con lo mejor que nos ha dado el año en el panorama musical. Un año, que si bien no ha sido malo del todo, nos ha dejado un regusto agridulce y con más sombras que luces.

Spirit of the Wild ha querido seleccionar los siguientes discos como lo más destacado del año 2015.


10. Michael Monroe - Blackout States

Una nueva muestra del gran estado de forma que vive el carismático rubio finés. Un disco que continúa con la senda marcada por sus dos anteriores lanzamientos y que sin duda alguna mantiene el buen nivel de los mismos.

Un disco lleno de canciones directas que no dejan lugar al respiro y que incitan a mover la melena con una cerveza en alto. Trallazos directos al pecho, cortos y llenos de fuerza que te mantienen hipnotizado de principio a fin. Himnos disfrutables hasta la saciedad e idoneos para ser coreados y jaleados en directo. Ojala vuelva pronto de gira para poder constatarlo.


9. Horisont - Odyssey

Cuarto LP de la banda sueca, y sin duda, su mejor disco hasta el momento. Su sonido ha evolucionado a cotas mucho más ambiciosas que el sonido retro setentero que mostraron en sus inicios y ahora es mucho más rico en matices.

Claros guiños a la NWOBHM, pasajes psicodélicos, ritmos progresivos y el inevitable regusto del hard rock clásico. Quizás los únicos peros pueden ser la voz plana de Axel y la excesiva duración del disco, puntos ambos que pueden llegar a querer desconectar en algún momento. Aun y con todo, un magnífico trabajo de una banda que ya comienza a abrir sus horizontes.


8. Ghost - Meliora

El puñetazo definitivo de la banda sueca. Si bien los dos primeros discos no son del gusto del que suscribe, este Meliora ofrece un viaje de una calidad incuestionable donde únicamente la voz del cantante se presenta como un inconveniente.

Ecos a grupos tan diversos como Deep Purple, Alice in Chains, Wishbone Ash o Blind Guardian, sin dejar nunca de lado las reminiscencias a Blue Öyster Cult y Mercyful Fate que tienen desde sus inicios. Quizás la vestimenta e imagen que profesan puede llevar a equívocos, porque su sonido es mucho más asequible, lleno de melodías, armonías y estribillos memorables.


7. Europe - War of Kings

Siguiendo la estela de sus últimos lanzamientos, y lejos de ese aura azucarado que les sigue persiguiendo, la banda liderada por Joey Tempest ha facturado otro gran trabajo de rock n’ roll. Un Joey que muestra nuevos registros, asemejándose por momentos al mismísimo Ronnie James Dio. Y es que ese aroma heavy se puede notar en numerosos momentos del disco.

Mención especial para un Norum que también realiza un gran papel con las seis cuerdas, con buenos solos, riffs y pasajes instrumentales muy logrados. Puede hacerse un poco largo y hay algún que otro tema de relleno, pero en general es un gran disco.


6. Imperial State Electric - Honk Machine

Los frutos del inagotable talento de Nicke Andersson siguen llegándonos año tras año, y si bien es cierto que peca de cierta repetitividad, siempre se sacan cosas positivas de sus trabajos.

En este Honk Machine retoma la senda de los primeros discos, tras endurecerse levemente en el anterior Reptile Brain Music. Olvidándose del sonido directo y lleno de fuerza con el que se hizo conocido en The Hellacopters, melodías poperas y armoniosas campan a sus anchas en canciones cortas, sencillas y con estribillos pegadizos. ¿Que es más de lo mismo?, sí, pero es que si lo de antes era bueno, esto también.


5. Graveyard - Innocence & Decadence

Otro buen trabajo de uno de los grupos más representativos de la escena sueca que está dominando el panorama musical de los últimos años. Un disco más ambicioso y denso, que quizás no sea tan directo como sus predecesores, pero que sin duda alguna gana mucho con la escuchas.

Sin abandonar los sonidos heredados del blues, la psicodelia y el hard rock más primigenio, Joakim Nilsson varía más sus registros vocales y se adentra por momentos en terrenos más cercanos al soul. Un trabajo donde miran más allá y añaden acertadamente pasajes diferentes y más atrevidos.


4. Arenna - Given to Emptiness

Con experiencia suficiente a sus espaldas, los vitorianos han explorado en terrenos aun más oscuros, lisérgicos y psicodelicos si cabe. Una base rítmica descomunal y unas guitarras que nos guían en un viaje espacial único y envolvente, con atmósferas hipnóticas que invitan a cerrar los ojos y dejarse llevar.

Un Txus espectacular a nivel vocal logra desmarcarlos de otras bandas del género. Y es que junto con The Soulbreaker Company se han empeñado en colocar a Vitoria como un punto clave dentro de la escena estatal, solo queda esperar que el éxito pueda traspasar las barreras internacionales.


3. Royal Thunder - Crooked Doors

Las buenas sensaciones que nos habían dejado en su debut discográfico se han visto claramente superadas. Reflejos que van desde el rock más clásico al grunge de principios de los noventa, en un disco denso, oscuro y profundo.

Pasajes instumentales deliciosos y cambios de ritmo continuos, con las líneas de bajo dejando huella y marcando las pautas. Pero si algo sobresale por encima del resto, es la exhibición vocal de Mlny Parsonz. La americana muestra tanto su lado más poderoso y lleno de fuerza, como el más sentimental y desgarrador, dotando de un encanto particular y único a la banda.


2. The Darkness - Last of Our Kind

Tras su controvertido regreso con Hot Cakes, la nueva vuelta a escena de la formación británica no ha podido realizarse de mejor manera. La banda liderada por el excéntrico Justin Hawkins ha facturado un disco sobresaliente, más serio y menos histriónico que aquellos que le dieron la fama.

Un disco lleno de himnos y canciones instantáneas. Riffs originales, estribillos pegadizos y melodías exquisitas con ecos inevitables a Queen o The Cult. Quizás se echen en falta las salidas de tono y las exageraciones que les dieron la fama, pero esta nueva versión de la banda no tiene nada que envidiar.


1. Thunder - Wonder Days


El aclamado regreso de la banda londinense nos ha traído el que es el mejor disco del año 2015. Un lanzamiento que supone, sin ninguna duda, su mejor trabajo desde Behind Closed Doors, y que puede mirar de tú a tú a cualquiera de sus primeros discos.

Su sonido se mantiene inconfundible. Un hard rock clásico al más puro estilo Bad Company y que bebe de las influencias de Led Zeppelin y Whitesnake. Un trabajo cuidado hasta el mínimo detalle, con estribillos pegadizos, melodías sobrecogedoras, guitarras acústicas que desprenden sentimiento e incluso pasajes de piano que recuerdan a la época dorada de Elton John.

Temas variados que recogen cambios de ritmo soberbios y que fluyen desde los más melódicos y sentidos a los más rockeros y directos, haciendo que el disco no baje el nivel en ningún momento. Con un Luke Morley que continua su buen trabajo realizado en The Union y demuestra su buen gusto con las seis cuerdas, y con un Danny Bowes que está inconmensurable de principio a fin a pesar del paso de los años.

En definitiva, un álbum sobresaliente de una banda que vuelve para reclamar el éxito más que merecido que siempre les fue esquivo. Desde luego, con trabajos como este Wonder Days van bien encaminados para conseguirlo.


jueves, 2 de julio de 2015

The Who, Le Zénith (30-06-2015)

Con pinzas hay que coger las palabras "Gira de despedida", porque últimamente los promotores se están adueñando de ellas para elevar el número de ventas, a pesar de que tiempo después se vuelven a anunciar nuevas fechas o incluso la edición de nuevos discos. Sin embargo, el propio Pete Townshend ha revelado que la intención es dar por cerrada la vida de The Who al finalizar la gira, y unido a las afecciones vocales de Roger Daltrey que han conllevado a varias cancelaciones en los últimos tiempos, todo hace indicar que esta gira si que puede ser la definitiva. 50 años son muchos años, pocos pueden presumir de ello, y una retirada a tiempo siempre se ha dicho que es una victoria. 

La oportunidad, por tanto, no se podía dejar escapar, y a pesar del feo gesto de cancelación de los dos shows previstos y del consiguiente cambio a una única fecha para poder actuar en Glastonbury, el pabellón Le Zénith parisino lució una imagen esplendorosa para recibir la visita de los londinenses.


Los estadounidenses The Last Internationale fueron los encargados de hacer entrar aún más en calor a un público que sudaba irremediablemente en un recinto que se asemejaba a un hervidero. Liderados por la atractiva Delila Paz y con el guitarrista Edgey Pires sin dejar de arengar a la gente, ofrecieron un buen concierto con su rock directo y enérgico, centrándose en su único álbum en estudio y añadiendo una acertada versión del Hey Hey My My de Neil Young. Una manera genial de presentarse ante el público francés y de ir abriendo boca para lo que vendría a continuación.

 
Pasadas las 9 de la noche, y tras presenciar en la pantalla gigante numerosas imágenes antiguas, diversas anécdotas y un bonito recuerdo al recién fallecido Chris Squire, se apagaban completamente las luces y dos teclistas, Simon Townshend, guitarrista hermano de Pete, y los sustitutos de los malogrados John Entwistle y Keith Moon, Pino Palladino y Zack Starkey aparecían en escena. Poco después la sala se venía literalmente abajo al aparecer al escenario Pete Townshend y Roger Daltrey.

Sin tiempo que perder, Roger echaba mano de una guitarra e iniciaba el show a ritmo de Who Are You. Tema icónico e inconfundible de la banda y al que la gente respondió de manera espectacular, sin parar de cantar y saltar. La comunión entre el público y Roger fue mágica desde el principio. Durante toda la velada, los asistentes respondieron a cada gesto del frontman, corearon cada estribillo junto a él y le ayudaron en los momentos más complicados.


El vocalista, a pesar de que el paso de los años ha mermado sus cualidades vocales y le ha obligado a tener que ahorrar esfuerzos, demostró una profesionalidad y un savoir faire dignos de mención. Ya no puede pegarse esas carreras a lo largo del escenario, ni puede efectuar los agudos que alcanzaba en su juventud, pero se dejó hasta el último aliento que le quedaba y no paró de moverse sobre las tablas durante las dos horas que duró el espectáculo.

Pete Townshend, por su parte, se mostró timorato y estático en todo momento, pero realizó un trabajo encomiable con su guitarra. Esos pasajes absorbentes, esos solos únicos e inconfundibles los bordó mientras agitaba ferozmente las seis cuerdas con su característico movimiento de molinillo. La edad también ha hecho que esos clásicos saltos suyos sean cosa del pasado, pero a nivel instrumental corroboró que sigue siendo una figura irrepetible.



Respecto al repertorio, y como era evidente al tratarse de una gira que rememora los 50 años de su dilatada carrera, fue un extenso repaso a la misma. Así, no faltaron temas fantásticos como The Seeker, la coreada I Can See For Miles o las directas y efectivas Join Together y You Better You Bet. Tampoco se olvidaron de esa primera etapa de la banda, rescatando la melosa y preciosa The Kids Are Alright y la inconfundible My Generation mientras en la pantalla gigante se sucedían imágenes relacionadas con el movimiento mod y memorables secuencias de la película Quadrophenia. Tan celebrada como inesperada fue también la inclusión de Pictures of Lily, en la cual aprovecharon para rendir homenaje al inolvidable Keith Moon plasmando una de sus fotos más carismáticas y recordadas.


El concierto estaba resultando mágico y no daba ningún tipo de respiro. Los himnos inmortales sonaban frescos y los viejos músicos los defendían a las mil maravillas. Tanto Zach como Pino suplían perfectamente las notables bajas de los miembros originales, y la adición de Simon como segundo guitarrista y ayudante en los coros, le daba más empaque a las interpretaciones finales.

De la mano de Behind Blue Eyes llegó uno de los mejores y más emotivos momentos de toda la noche. Con Daltrey de nuevo tocando la guitarra, cantando en un tono mucho más profundo y con un ojo azul creciendo hasta hacerse gigante a sus espaldas. Tema calmado, rebosante de un sentimiento cautivador y cuyo pasaje más acelerado desató el fervor del público para cerrar de manera tierna e inolvidable. Sencillamente memorable.

Las operas-rock, santo y seña de la banda, no fueron obviadas y dieron luz a dos pequeños mini-sets. Así, "Tommy" se vio representado por la magnífica comunión de Amazing Journey y Sparks, alargada al estilo del mítico "Live at Leeds", y perfectamente enlazada con la emocionante See Me, Feel Me. "Quadrophenia", por su parte, hizo que Pete viviera su cuota de protagonismo haciéndose cargo de las voces en la sensacional I’m One, cambiando a una guitarra acústica y alargando la duración de su versión en estudio con un magnífico pasaje instrumental. Love, Reign O'er Me completó el set con una demostración de poderío insultante. Con la lluvia de fondo y con el cariz absorbente y embaucador del tema, la formación demostró porque siempre han sido una banda especial e imprescindible.


Acercándose inexorablemente al final del show, se quisieron despedir por todo lo alto con una traca final compuesta de sus piezas más representativas. Tras una espídica Pinball Wizard, los sintetizadores inconfundibles de Baba O'Riley transformaron la pista en una fiesta que bailaba y cantaba al son de una de las mejores composiciones de todos los tiempos. Bien es cierto que Roger acusó el cansancio acumulado y sufrió especialmente a nivel vocal, pero el público decidió que ese momento les pertenecía a ellos y se consumó una actuación única que se vio inmediatamente continuada por el incombustible Won't Get Fooled Again. Alargada como es de costumbre y coreada unánimemente, Daltrey se vaciaba definitivamente con ese grito legendario que erizó la piel de todos los seguidores que exprimían sus últimas energías. Un broche de oro perfecto.


La música cesaba, pero la magia seguía respirándose en el ambiente. La banda se despedía, quien sabe si para siempre, con el momento más frío de la velada. No hubo bises, Pete abandonó el escenario mientras Roger seguía hablando y ni siquiera hubo un saludo conjunto de la formación. Temas como Magic Bus u otros que estaban siendo tocados en anteriores fechas como I Can't Explain o la sorprendente A Quick One (While He's Away) se quedaron en el tintero, conformando un set más corto. Pero daba igual, lo vivido había sido mágico e inolvidable. ¡¡¡Larga vida a los Who!!!








Setlist: Who Are You / The Seeker / The Kids Are Alright / I Can See For Miles / Pictures of Lily / My Generation / Behind Blue Eyes / Bargain / Join Together / You Better You Bet / I’m One / Love, Reign O’er Me / Eminence Front / Amazing Journey / Sparks / Pinball Wizard / See Me, Feel Me / Baba O’Riley / Won’t Get Fooled Again



miércoles, 24 de junio de 2015

Kiss, Barclaycard Center (22-06-2015)

Que un concierto es algo más que la ejecución de una serie de canciones está claro, pero pocas veces queda tan claro como sucede con Kiss. Los años pasarán por todos sus miembros, las condiciones vocales fallarán cada vez más, pero el espectáculo que ofrecen en cada uno de sus conciertos hace que siempre se salga de ellos con una sonrisa de oreja a oreja. Un concierto que se convierte siempre en un espectáculo mastodontico donde prima la diversión y el buen rollo. Su reciente visita a la capital española, como era de esperar, no iba suponer una excepción.


Con un Palacio de los Deportes, ahora conocido como Barclaycard Center, a reventar, y tras sonar el Good Times Bad Times de Led Zeppelin de fondo, aparecían sobre el escenario 4 músicos ataviados con los disfraces más característicos de la historia del rock. La ovación del público hacía retumbar los cimientos del pabellón, los cuales se vinieron abajo cuando el cuarteto de Nueva York arrancaba el show con Detroit Rock City. La fiesta comenzaba, y los fuegos, los petardos, las explosiones y los juegos de luces no cesaron hasta el final de la misma.

Desde ese primer momento ya se vio que la voz de Paul Stanley está en las últimas. Le costaba llegar a cualquier nota ligeramente aguda y sufría para mantener la respiración en las estrofas más largas. Sin embargo, arropado por sus compañeros y por un espectáculo visual magistral, la gente pronto dejó de pensar en la flaqueza de sus cuerdas vocales y tal infortunio quedó un segundo plano. Además, a modo de descanso, Starchild, agradeció repetidamente el apoyo del público y se extendió en discursos que llegaron a hacerse bastantes pesados, y donde demostró que conoce bien el idioma castellano. Gracias a Dios, no consiguió romper el ritmo que llevaba el show.

La primera mitad de concierto contó con canciones más recientes como la pegadiza Psycho Circus o la “novedosa” Hell or Hallelujah, e incluyó un pequeño set centrado en su disco “Creatures of the Night”. Pero lo más llamativo fue la vuelta de tuerca que han dado al setlist, añadiendo más piezas donde Gene Simmons se hace cargo del micrófono. De esta forma, canciones menos habituales como Calling Dr. Love o Cold Gin se sumaron a clásicos como la espídica Deuce o la coreable I Love It Loud, y se entremezclaron con los temas donde Paul volvía a retomar el protagonismo.


Sendos solos de guitarra y batería a cargo de Tommy Thayer y un magnífico Eric Singer, supusieron un punto de inflexión. A partir de ese momento, el concierto explotó definitivamente al ritmo de los clásicos que nos llevan acompañando más de cuatro décadas. Pero no solo eso, el espectáculo creció y nos dejó momentos memorables como el interludio acaecido en la aclamada Lick It Up, donde Paul y Tommy ejecutaron un largo pasaje del Won’t Get Fooled Again de The Who subidos en una plataforma de varios metros de altura.

Tampoco faltó el característico solo de bajo de Gene, con la sangre corriendo por su boca y transmitiendo la imagen perfecta del demonio que representa su traje, que culminó con su ascenso a una plataforma en lo alto del pabellón para ejecutar un maravilloso e inesperado God of Thunder.


Ya encarando la parte final del set, una tirolina transportó a Paul hasta el otro extremo de la pista, surcando las cabezas de todos sus fans que estaban literalmente fuera de sí. Desde la pequeña plataforma colocada al final del ruedo, el frontman escupió un estratosférico Love Gun que se erigió como uno de los puntos más álgidos de la noche. Tras un breve solo y la inconfundible introducción de Black Diamond, retomaba el vuelo de vuelta al escenario mientras Eric Singer hacía las veces de Peter Criss a cargo de la voz principal en una de las canciones más significativas de la banda.

Tras una corta retirada durante la cual el gentío no dejó en ningún momento de gritar y aplaudir, los cuatro músicos volvieron para dar por finalizada la velada con tres de los temas más festivos y directos de su repertorio: el coreadísimo Shout It Out Loud, la discotequera I Was Made For Loving You y el gran clásico de la formación, la inconfundible Rock and Roll All Nite. Este último tema fue alargado hasta la saciedad y puso el cierre al show entre confeti, con Gene y Tommy subidos a sendas plataformas en el centro de la pista y con Paul destrozando su guitarra sobre el escenario principal.

Un cierre perfecto para un concierto que, aun mostrando las debilidades vocales de Stanley, constituyo un espectáculo a la altura de muy pocas bandas (seguramente ninguna) y que hizo disfrutar al variado público que allí se dio cita. I WANNA ROCK AND ROLL ALL NITE AND PARTY EVERY DAY!!!    


Fotos a cargo de gavitana (Foro Azkena Rock)


Setlist: Detroit Rock City / Deuce / Psycho Circus / Creatures of the Night / I Love It Loud / War Machine / Do You Love Me / Hell or Hallelujah / Calling Dr. Love / Lick It Up / God of Thunder / Cold Gin / Love Gun / Black Diamond // Shout It Out Loud / I Was Made For Loving You / I Wanna Rock and Roll All Nite






sábado, 30 de mayo de 2015

Wishbone Ash, Sala Caracol (27-05-2015)

The Allman Brothers Band en el rock sureño, Thin Lizzy en el hard rock más clásico, o Iron Maiden y Judas Priest dentro de un rock más pesado. Todos ellos reconocibles y reconocidos por su juego de guitarras gemelas. El uso de las twin guitars se ha ido extendiendo a lo largo de los años y aunque todas estas bandas han pisado la alfombra roja, hubo una que quedó injustamente olvidada y a la que el éxito les fue esquivo. Wishbone Ash, pioneros del uso de dicha técnica durante la década de los 70, ha visto como su rock clásico entremezclado con el rock progresivo de bandas como Yes no ha seguido los pasos de las bandas a las que influenciaron.

45 años después, el conjunto inglés se ve envuelto en batallas legales que han propiciado la existencia de dos formaciones lideradas cada una de ellas por Martin Turner y Andy Powell, los dos guitarristas fundadores. Este último es el que se ha quedado con los derechos del nombre y el que defiende a los “verdaderos” Wishbone Ash. Y su visita a nuestro país se presentaba como una cita ineludible.


La sala Caracol madrileña lucía una más que decente entrada para recibir a esta banda de culto con un público cuya media de edad rondaba la mitad de siglo. Con cierto retraso, allí aparecía Andy Powell, siempre sonriente y sosteniendo su clásica Flying V, para iniciar al ritmo de The Power un show donde las guitarras triunfaron por todo lo alto.


Andy y Muddy Manninen demostraron que esta banda tiene algo especial más allá de las canciones, de un gran cantante o de los numerosos integrantes que han militado en ella durante todos estos años. La conjunción de guitarras fue épica, con fraseos continuos, solos alternados, melodías dobladas, guitarras que parecían hablar…espectacular. Y si bien el setlist no fue el que la gente esperaba, nadie puede manifestar que saliese de la sala disgustado o contrariado.

Andy realizó una revisión de su discografía completa haciendo sonar temas poco habituales como Heavy Weather, las recientes Deep Blues y Way Down South, o In Crisis. Canciones todas ellas que en directo adquirieron otra dimensión. Sin embargo, la erupción del público llegó en el mismo instante que sonaron los primeros acordes de Warrior. El tema contenido en su magistral “Argus” supuso un antes y un después en el concierto. Más aún cuando fue continuado por Throw Down the Sword, otra canción del álbum más reconocido de la formación y del cual se esperaba mucha representación en el setlist. Sorpresivamente, ningún tema más de dicho disco fue tocado hasta los bises, pero este hecho, lejos de suponer una decepción general, quedó en una mera anécdota.

  
No faltaron la prácticamente instrumental The Pilgrim, ni el ya clásico blues del Baby What You Want Me to Do de Jimmy Reed del que la banda se ha adueñado desde el lanzamiento de “Live Dates”, sin duda alguna uno de los mejores discos en directo de la década de los 70. Pero lo mejor estaba por llegar. Tras triunfar por todo lo alto un coreado y pegadizo Living Proof, Andy quiso complacer a la gente que en las inmediaciones del recinto le había solicitado la inclusión de Phoenix en el setlist.  

20 minutos de pura magia invadieron la sala. Un orgasmo musical con notas volando sobre las cabezas de la gente. Subidas y bajadas, cambios de ritmo, una línea de bajo asombrosa, solos entremezclados con la melodía… Una sensación única e irrepetible a la altura de muy pocas bandas. La ovación del público al término de la composición fue ensordecedora, como si de cualquiera de las grandes bandas nombradas al principio se trataran. Insuperable.


Después de haber abandonado el escenario tras dicha exhibición, el cuarteto volvió a enfundarse sus instrumentos para cerrar la noche con dos clásicos imperecederos: la épica Blowin’ Free y la marchosa Jail Bait. Un final perfecto para un concierto perfecto.


La gente se mantenía en su sitio esperando una vuelta a escena que nunca se produjo, pero con la satisfacción de haber presenciado algo especial. El setlist fue muy mejorable, es cierto, pero la valoración general del show fue sobresaliente. Es una lástima que Wishbone Ash no haya disfrutado de un éxito más que merecido, pero mientras Andy Powell siga ejerciendo de líder incombustible, los acérrimos seguidores estamos de enhorabuena. Ojala vuelvan pronto por estas tierras para estar allí de nuevo como fieles guerreros.



Setlist: The Power / Deep Blues / Heavy Weather / Warrior / Throw Down the Sword / Way Down South / Baby What You Want Me to Do (Jimmy Reed cover) / The Pilgrim / Front Page News / In Crisis / Living Proof / Phoenix // Blowin’ Free / Jail Bait


viernes, 8 de mayo de 2015

The Answer, Sala Caracol (07-05-2015)

Hay trenes que sólo pasan una vez y si se dejan escapar es prácticamente imposible triunfar. Pero aun habiendo cogido el tren adecuado, hay que seguir trabajando duro para no caerse del mismo. Y da la impresión de que The Answer están jugando en el filo de la rampa de salida del tren.

Siete años han pasado ya desde que la gira como teloneros de AC/DC les abriese de pleno las puertas del éxito. Pero a pesar de seguir lanzando buenos trabajos en estudio y de realizar giras con conciertos realmente buenos, siempre ha dado la sensación de que les faltaba todavía un paso para explotar y convertirse en piezas claves dentro del hard rock actual. Y la publicación de “Raise a Little Hell” no ha hecho más que aumentar las dudas sobre las posibilidades de un grupo que ya ha gastado demasiadas balas. Un disco más denso y oscuro que sus trabajos anteriores, sin temas directos y accesibles y que ha provocado la división de opiniones entre sus fans.


La sala Caracol madrileña presentaba una correcta entrada y con el público revolucionado tras el apabullante concierto de los teloneros White Miles, recibía con una estruendosa ovación a la banda norirlandesa. El concierto se abría con I am What I am, canción de un último disco que con motivo de su presentación nutrió el grueso de un setlist que de nuevo fue mejorable. Así, no faltaron temas nuevos más pesados y oscuros como Red, la poderosa Whiplash o una Aristocrat donde Cormac hizo uso de la armónica, pero sin olvidar canciones de discos pretéritos como la pegadiza Spectacular o una espídica Demon Eyes que el público disfruto especialmente. Sin embargo, “Rise” y “Revival”, sus dos grandes discos, prácticamente fueron obviados.


La ejecución de los temas fue más que correcta y Cormac Neeson volvió a demostrar una vez más que es un frontman como la copa de un pino. Comunicativo, sin parar de moverse en ningún momento y con una voz exquisita que refleja perfectamente su trabajo en estudio.

Aunque el hecho más significativo vino de la mano del bajo. La crudeza y oscuridad del disco se plasmaron en directo con un sonido realzado del bajo que le quitó todo el protagonismo al sonido de la guitarra de Paul Mahon. Hasta el punto de que en la recta final del concierto ésta era prácticamente inapreciable. Micky Waters aprovechó la coyuntura para campar a sus anchas por el escenario y mostrarse mucho más activo que en giras anteriores.


La gran baza que tuvo Paul para demostrar su calidad con las seis cuerdas vino en el largo pasaje instrumental que se llevó a cabo durante Last Days of Summer, y sobre todo en una preciosa Strange Kinda’ Nothing que fue ejecutada con guitarra acústica y cajón. El tema, más pausado y emotivo, supuso un contrapunto perfecto al sonido saturado de los graves y permitió ver a la banda en un terreno muy diferente al habitual. Especialmente a un frontman que dejó claro que también se maneja a las mil maravillas en esos terrenos más cercanos y delicados.


Encarando la recta final del show, la efectiva New Horizon daba paso al tema homónimo del último trabajo. Cormac, que en Preachin’ no había realizado su habitual rito de predicación entre el público, aprovechó ese momento para bajar por fin del escenario y adentrarse entre la gente para arengarlos un poco más. La sala se convirtió en ese momento en una caldera que vibraba alrededor del cantante.

Despidiéndose entre numerosos aplausos, la banda no tardó en volver con renovadas fuerzas para cerrar la velada con dos clásicos. Un Nowhere Freeway que exigió la colaboración del público y que sonó mucho mejor que en la gira anterior y un Under the Sky final que supuso el broche de oro perfecto al show y complació a aquellos que pedían insistentemente más material de su disco debut.


Un buen concierto que aun así dejó la sensación de que la banda podría ofrecer mucho más, sobre todo a nivel compositivo. Incomprensiblemente, además, volvieron a dejar fuera del setlist numerosos hits mucho más adecuados y disfrutables para el directo. La escasa duración del concierto, como viene siendo habitual en ellos, tampoco es concebible teniendo tanto material de calidad ya editado. No les quedan muchas balas más, y aunque siguen manteniendo un público bastante fiel, es posible que puedan ver como la situación se revierte en cualquier momento si no hacen nada por remediarlo.


Setlist: I am What I am / Spectacular / Red / Demon Eyes / Tornado / Whiplash / Aristocrat / Preachin’ / Last Days of Summer / Strange Kinda’ Nothing / New Horizon / Raise a Little Hell / Nowhere Freeway / Under the Sky



martes, 28 de abril de 2015

Casablanca, We Rock (26-04-2015)

Una banda cuya base se construye alrededor de las figuras de un ex–futbolista que llegó a ser internacional sueco, una baterista femenina que compagina su trabajo con las Sahara Hotnights, y un vocalista con una personalidad marcadamente excéntrica, no parece destinada a levantar demasiada expectación. Sin embargo, la presencia del americano Ryan Roxie, guitarrista del célebre Alice Cooper, propició que la gira que llevaron a cabo durante principios del año pasado por nuestro país fuera un verdadero éxito.

Ante tal tesitura, y afirmando que las numerosas ventas de merchandising han subvencionado la grabación de un nuevo álbum, la formación sueca no ha dudado un instante en volver por tierras españolas. Lo que no han previsto es que la ausencia del californiano debido a la gira del encantador de serpientes, iba a suponer un bajón de asistencia tan enorme.




Con el sonido de fondo de las inconfundibles campanas que redoblan al inicio de su segundo trabajo, “Riding a Black Swan”, el quinteto salía al escenario de una sala que presentaba un aspecto desolador. Menos de la mitad de la entrada del año pasado levantaba sus brazos mientras The Giant Dreamless Sleep era ejecutada de manera impecable por un Anders Ljung ataviado con un turbante y unas cadenas que ocultaban completamente su cara. El cantante, que ha sufrido recientemente la dolorosa y repentina muerte de su hermana, volvió a hacer gala de sus excentricidades y se mostró de nuevo como un frontman más que notable.

Temas de sus dos grandes trabajos en estudio se fueron sucediendo de manera efectiva, pero se echaba en falta la sobriedad y el sonido de Roxie. Su sustituto Jon Sundberg, se mostró correcto pero demasiado timorato y dejó los galones a un Eric Almstrom que estuvo más pendiente de gesticular y exagerar sus poses. Aun y con todo, el resultado final no se vio gravemente afectado y el público pudo disfrutar de una buena interpretación de magníficas composiciones como la pegadiza Barriers o la melosa Apocalytic Youth.


Salvando el escollo de hacer olvidar al guitarrista americano, el gran problema del concierto se vivió con las nuevas canciones que la banda presentó del que será su inminente tercer trabajo en estudio. Canciones alejadas de su característico sonido accesible y directo, y que supusieron un bajón de intensidad tremendo, dejando un sabor agridulce ante la salida del nuevo LP.

No faltaron himnos como Hail the Liberation y su guiño a Thin Lizzy, o la poderosa It’s Alright, que contó con una gran intro de batería a cargo de Josephine Forsman. Una Josephine que estuvo pletórica durante toda la velada y que se erigió como el gran pilar del sonido de la banda. El bajista Mats Rubarth, principal compositor de la formación, sin embargo, estuvo sobrio pero se mostró mucho más frío que en la gira anterior y cedió el protagonismo a sus compañeros.      


Ya encarando la recta final del show, y tras haber abandonado el escenario a ritmo de Deliberaty Wasted, Anders se subió de nuevo a las tablas y echando mano de la guitarra de Eric comenzó, él solo, a cantar y tocar la maravillosa Downtown. Con el público sorprendido y entregado, el resto de la banda se unió al final de la canción para terminarla de manera más potente y contundente. Sin ningún tipo de duda, uno de los highlights del concierto.

Con la eléctrica No Devil in Me, la popera y aclamada Rich Girl y su gran single Love and Desperation, la formación escandinava daba por concluido un concierto que, a pesar de echar de menos a Ryan Roxie y de presentar una entrada realmente floja, resultó correcto y amenizó de la mejor manera el cierre del fin de semana. Ante un grupo pequeño no se puede pedir más.


Se presenta ahora la incertidumbre del futuro de una banda con nula promoción, con poca constancia y sin la presencia de la única figura que los podía hacer llamativos para el gran público. No queda otra que esperar un golpe de suerte que convierta en éxito el trabajo de una banda cuyos álbumes se cuentan por maravillas prácticamente desconocidas y repletas de magníficas y accesibles composiciones. Recemos por que ese milagro ocurra, si no podemos estar ante un nuevo caso de banda de culto que no logró un reconocimiento más que merecido.



Setlist: The Giant Dreamless Sleep / Riding a Black Swan / Barriers / Apocalyptic Youth / Closer / Hail the Liberation / Shadow Out of Time / Some Misty Morning / It’s Alright / This is Tomorrow / Deliberaty Wasted / Downtown / No Devil in Me / Rich Girl / Love and Desperation



viernes, 17 de abril de 2015

Raveneye + Last Fair Deal, Moby Dick (16-04-2015)

Exigencia, esa es la palabra. En plenos tiempos de crisis y con una agenda de conciertos muy variada, el público está obligado a ser exigente con las bandas en directo. Y si esas bandas ya han demostrado anteriormente que pueden dar grandes exhibiciones, la exigencia es aún mayor.

Los ingleses Raveneye y los bilbaínos Last Fair Deal, dos power tríos con raíces similares pero con diferentes maneras de ver la música, unían sus fuerzas en una noche que pintaba épica. Dos power tríos totalmente complementarios que ya nos habían demostrado de lo que son capaces sobre las tablas de un escenario formaban un doble cartel de lujo. Pero esa complementariedad se volvió en su contra, puesto que lo que le sobró a uno le faltó al otro, y viceversa.


LAST FAIR DEAL
El orden de actuación había variado en las diversas fechas anteriores, y en esta ocasión le tocó a Last Fair Deal la tarea de ir haciendo entrar en calor a la audiencia. A ritmo de Inside Looking Out, canción de los Animals que popularizaron Grand Funk Railroad, daba por iniciada la velada.


New Order, tema divertido y con claro poso sureño de su magnífico segundo disco, "Once", daba paso a otra versión. Esta vez el artista homenajeado era el bluesman Muddy Waters y la canción seleccionada una muy bien adaptada Young Fashioned Ways. El sonido era perfecto y la banda sonaba conjuntada, pero resultaba curioso que con el buen repertorio propio, la banda optase por nutrirse de versiones de bandas de renombre. Además, Gonzalo se mostraba mucho más frío que de costumbre, y aun realizando un papel sobresaliente en el plano musical, dio la sensación de no estar metido al 100% en el show.

Aferrándose, ahora sí, a sus temas propios, recuperaron Filthy de su debut y plasmaron perfectamente piezas más actuales como la emotiva Yesterday o la totalmente boogie Down Below. Sentimiento, gusto al tocar y una base rítmica donde sobresalió una vez más Virginia Fernández con su delicada a la par que contundente forma de tocar la batería, suplían la falta de intensidad que se respiraba en el ambiente.


Ya encarando la recta final de un show que apenas llegó a la hora de duración, enlazaron de manera deliciosa su gran single Nobody y uno de los mejores temas de uno de sus ídolos, Cradle Rock del malogrado Rory Gallagher. El público conectaba por fin, pero ya era tarde. La formación vasca se despedía entre unos aplausos que ocultaban el sabor agridulce de un concierto que, conociendo a la banda, supo a poco.


Setlist: Inside Looking Out (The Animals/Grand Funk Railroad cover) / New Order / Young Fashioned Ways (Muddy Waters cover) / Filthy / Yesterday / Down Below / Naked Eye / Elvira / Nobody / Cradle Rock (Rory Gallagher cover)



RAVENEYE
Le tocaba el turno de remontar el vuelo a Oli Brown y su nuevo grupo, Raveneye. El joven inglés, tras triunfar en su país de origen con un blues calmado y accesible, ha querido dar una vuelta de tuerca a su sonido y uniendo sus fuerzas  junto al bajista Aaron Spiers y el batería Kev Hickman, lo ha endurecido y actualizado.

El sentimiento, la delicadeza y los ritmos sosegados que habían dominado la primera actuación, se convertían en fuerza, furia y agresividad. Oli se enfundaba su característica Hofner y salía dispuesto a comerse el mundo. Una guitarra distorsionada y unas pantallas delante de los amplificadores para engordar el sonido, despertaban a una audiencia demasiado relajada y timorata.


La directa Get it Started, incluida en su EP, fue la primera en atronar la sala, para después hacer sonar varios temas de su inminente primer larga duración, como Sticks and Stones o Come With Me. A pesar de no tener todavía material editado, a diferencia de Last Fair Deal, no quisieron echar mano de versiones y el set se compuso de temas exclusivamente propios. Un detalle que deja bien a las claras lo que confía Oli Brown en su proyecto.

Sin embargo, el concierto, que rebosaba fuerza y energía por todos los costados, se estaba haciendo demasiado plano y lineal. Todas las canciones mantenían una estructura muy similar y llegaba a resultar monótono y repetitivo por momentos. El frontman lo suplía con su talento y demostraba su incuestionable calidad tocando los acordes con una sola mano mientras con la otra sujetaba el micro. Otra cosa no, pero desparpajo, soltura y ganas de comerse el mundo le sobran al joven músico. Incluso se atrevió a subirse a tocar encima de la batería.


Oh My Love, alargadísima y donde Oli se adentró entre las primeras filas del público, fue uno de los temas más destacados de la velada, al igual que un Coming for You que contó con una gran intro de batería a cargo de Kev Hickman. Un Kev que estuvo sobrio y contundente y que junto a Aaron conformó una base rítmica poderosa y efectiva alrededor del genio de las seis cuerdas.

Cerrando ya la actuación del trío sonaron una Coming for You que por momentos nos acercaba a sonidos más noventeros con pasajes que rememoraban a grupos como Soundgarden o Alice in Chains, la extensa You Got It y el efectivo y pegadizo single Breaking Out. La ovación era tremenda, pero ahí no terminaba todo. Oli Brown hizo llamar a Gonzalo Portugal para, juntos, deleitar al personal con una acertada versión del Going Down de Freddie King. En ese momento se pudo percibir la diferencia entre la forma de tocar de ambos guitarristas y se disfrutó de la gama de recursos de cada uno de ellos. Grandísimo cierre de concierto.





Setlist: Get It Started / Sticks and Stones / Come With Me / Run Away / What Else / Oh My Love / Hey Hey Yeah / Coming for You / No Bodies Soul / You Got It / Breaking Out // Going Down (Freddie King cover)



La velada se daba por concluida y aunque el cierre de la misma había sido fantástico, el regusto final era ciertamente amargo. La apabullante exhibición de Raveneye en la pasada edición del Serie Z (quizás acrecentada por la sorpresa) o las descomunales puestas en escena que nos había brindado Last Fair Deal en muchas ocasiones anteriores, quedaban bastante lejos de lo que se vivió en la Moby Dick madrileña. La fuerza y energía de los primeros añoraban el buen gusto y la exquisitez de los segundos. Los temas elaborados de los vascos carecieron de la garra y entrega de los temas más planos y lineales de los ingleses, y aunque en su conjunto demostraron todo lo que se puede pedir en una banda, individualmente flaquearon donde anteriormente habían destacado. Un sabor agridulce para dos bandas jóvenes que no tuvieron su mejor noche, pero que a buen seguro nos harán disfrutar en shows venideros. En sus manos está el futuro de nuestra música.
  



martes, 14 de abril de 2015

14 de abril: Ritchie Blackmore

El mundo del rock y de la música en general se pone en pie para conmemorar el 70 cumpleaños de uno de los mayores iconos de la historia del hard rock. Ritchie Blackmore celebra su aniversario junto a su mujer Candice Night, alejado de los sonidos duros que le hicieron leyenda y relajado entre castillos, mandolinas y paisajes medievales.

Compositor excepcional y guitarrista excelso que se lucía de manera magistral en directo, es una de las figuras clave de los sonidos más pesados del rock. Influyente como pocos y fundador de dos de los pilares del género, Deep Purple y Rainbow. Conocido por su agrio carácter y difícil trato, despidió sin remordimientos a músicos de sus formaciones de manera continua; pero introdujo en la escena a personajes que pasarán a los anales de la historia. Ronnie James Dio, David Coverdale, Glenn Hughes, Graham Bonnet o Joe Lynn Turner, a pesar de habérselo ganado merecidamente, le deben prácticamente todo al excéntrico inglés que apostó por ellos cuando ninguno era conocido.


Un talento único que dio lugar a acontecimientos excepcionales como el acaecido en el California Jam de 1974, donde el guitarrista prendió fuego al escenario y la banda al completo tuvo que ser desalojada en helicóptero. Un ego que le propició numerosos conflictos tanto con la prensa como con los miembros de sus grupos, especialmente con un Ian Gillan con quien nunca ha tenido una relación demasiado sana. De hecho, aun hoy día ambos músicos mantienen sus rencillas.



En 1995, tras la inesperada reunión de Rainbow junto al vocalista Doogie White y su posterior gira mundial, Ritchie desenchufaba su guitarra para iniciar un proyecto folclórico junto a su mujer. Blackmore’s Night supuso un jarro de agua fría para todos, o la mayoría, de sus fans, y todavía a día de hoy no ha vuelto a dar electricidad a su inconfundible Fender Stratocaster.


Millones de fans en el mundo entero claman por una vuelta a la escena rockera del hombre de negro, y viendo su tensa relación con Gillan y la estabilidad de Deep Purple, todas las esperanzas recaen sobre una última reunión de Rainbow. Recientemente, Joe Lynn Turner ha revuelto la escena musical dejando caer la posibilidad de volver a reunificarse a finales de año. La credibilidad del cantante está en entredicho tras declaraciones similares en ocasiones anteriores, pero la llama de la esperanza que aún seguía viva dentro de cada uno de los amantes del hard rock ha sido avivada. Solo nos queda cruzar los dedos y rezar por que Joe tenga razón y podamos ver brillar el arcoíris una vez más. I see a rainbow rising!!!!

¡¡¡Felicidades, Ritchie!!!